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Hace 27 años se fue el piloto mágico

Recordando al tricampeón brasileño Ayrton Senna.

Por: Julián Afonso Luis / @JAL69 (Twitter)

En todo el mundo, el 1º de mayo es y estará inseparablemente asociado a la celebración del Día del Trabajador; sin embargo, para los entusiastas del automóvil y del deporte a motor, es también el momento de recordar al piloto brasileño Ayrton Senna Da Silva, quien falleció durante el Gran Premio de San Marino, realizado en Italia, el 1º de mayo de 1994.

Al momento de su deceso, Senna era considerado uno de los mejores pilotos de todos los tiempos y era la máxima referencia en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. Su estilo de manejo, veloz y vehemente, su abultada estadística, su carisma, su sensibilidad humana y su capacidad para conectarse con la afición lo convirtieron en ídolo y leyenda viva.

Una vida corta, pero intensa

Senna nació en Sao Paulo, Brasil, el 21 de marzo de 1960. Su padre fue un prominente empresario, quien le hizo un pequeño auto de pedales cuando tenía unos cuatro años, porque el pequeño Ayrton mostraba problemas motrices que le exigieron ejercitarse.

Más adelante, el carrito en cuestión se cambió por un kart, en el cual comenzó su aventura deportiva.

Senna llegó a ser reconocido como el mejor kartista del mundo, a pesar de que el título mundial le fue esquivo en dos ocasiones. Después se estableció en el automovilismo británico, ganando fama y carreras en las Fórmula Ford y la Fórmula 3. Esto le catapultó a la Fórmula 1 en 1984, cuando tenía 24 años.

El estrellato le llegó en el Grand Prix de Mónaco 1984, cuando casi gana bajo un torrencial aguacero, a pesar de conducir un monoplaza Toleman de mitad de parrilla.

Para 1985 y 1986, con Lotus, el paulista se unió a los candidatos a las victorias y al título. En 1987 inició su relación con Honda y realizó un gran trabajo de desarrollo con las suspensiones activas.

En 1988, Senna y Honda llegaron a McLaren Team, que era el equipo imbatible del momento y donde se encontraba el intocable Alain Prost. El brasileño y el francés protagonizaron una de las rivalidades más intensas en el mundo deportivo.

Tras seis años exitosos en McLaren, donde aumentó su fama y prestigio, Senna logró un perseguido contrato con Williams Renault, que se erigió como la nueva fuerza técnica de la Fórmula 1. Sin embargo, las cosas no salieron bien y fue con los británicos que sufrió su fatal accidente.

El hombre que murió millones de veces

El accidente mortal de Senna paralizó al mundo, pues fue transmitido en vivo y directo por TV. Ocurrió mientras lideraba la carrera por delante del alemán Michael Schumacher, quien apenas iniciaba su tercer año en la máxima categoría.

Mientras las estaciones de TV del mundo repetían una y otra vez la dantesca secuencia del accidente mortal, el automovilismo sufrió un cisma y fue necesario comprender que había mucho por hacer para mejorar los niveles de seguridad de las pistas, de los autos y de las instalaciones.

Durante mucho tiempo, las causas del accidente de Senna generaron numerosas discusiones y las autoridades italianas abrieron un publicitado y largo juicio que finalmente arrojó como resultado que la barra de dirección del auto se partió al estar mal soldada.

Ayrton comenzó la temporada 1994 con muchas presiones, pues ese año la Federación Internacional del Automóvil (FIA) prohibió las ayudas electrónicas al manejo (principalmente las suspensiones activas y los controles de tracción y arrancada) que tanto contribuyeron al éxito de los Williams Renault. Sin embargo, Michael Schumacher y Benetton lograron burlar las restricciones y plantearon una severa oposición al paulista, gracias al uso de tecnología ilegal.

Víctima de la presión de ser ídolo

Además de afrontar la postura tramposa de Benetton y Schumacher, Senna vivía un momento de grandes presiones personales y comerciales. Por un lado, su posición como distribuidor de Audi en Brasil le creó problemas inesperados y, por otro, su relación amorosa con la modelo Adriana Galisteu no fue bien vista por su familia.

El Williams Renault sin suspensiones activas, ni control de tracción, era un carro muy fatigoso de manejar e inestable. Además, Senna no estaba cómodo en su interior, por lo que pidió alargar la barra de la dirección para colocar el volante fuera del cockpit y no pelarse los dedos.

Williams ofreció a Senna una barra de dirección rediseñada para la carrera de España (quinta del calendario), pero el brasileño quiso tenerla para San Marino (tercera prueba), por lo que autorizó que la cortaran y le soldaran un suplemento de manera poco ortodoxa, eximiendo de responsabilidad al equipo.

La combinación entre un carro nervioso de reacciones, un asfalto con baches y unos ajustes de suspensión muy rígidos para mantener lo más estable posible la altura del auto en relación con el piso, se reveló fatídica.

Senna forcejeaba para mantenerse delante del auto ilegal de Michael Schumacher cuando en la zona más rápida del circuito de Imola la barra de dirección mal soldada cedió, junto con uno de los brazos de la suspensión frontal.

Incapaz de maniobrar, al carecer de dirección, Senna apenas pudo reducir su velocidad de 312 km/h a 186 km/h antes de golpear el muro de Tamburello. El impacto por sí solo no era mortal en lo absoluto, pero la rueda derecha, al desprenderse, lo hizo con parte del sistema de suspensión pegado a ella, golpeando el auto. La barra de suspensión quebrada se introdujo por la visera del casco del piloto, causándole lesiones neurológicas irreversibles.

Despedida multitudinaria

El fallecimiento de Senna dejó al mundo en shock y se calcula que unas 250.000 personas asistieron a los eventos fúnebres organizados por su familia y la municipalidad de Sao Paulo. Para un Brasil sumido en una inmensa crisis económica y social, Senna y sus victorias eran un bálsamo esperanzador que de pronto dejaba de existir.

Al morir, Senna dejó un registro de 161 Grand Prix disputados, con 41 victorias, 68 pole position (récord para la época), tres títulos mundiales y dos subtítulos.

Además de consolidar un legado deportivo, Senna también dejó un legado social, pues tras su muerte trascendió la forma en que el brasileño, en secreto, invertía las enormes sumas de dinero que le daba la promoción de su apellido en obras de caridad dirigidas a la niñez brasileña, a través de la Fundación Ayrton Senna, que a la fecha dirige su hermana Viviana.

Año tras año, el aniversario del fallecimiento del ídolo paulista es una excusa perfecta para que aficionados de todo el mundo organicen homenajes, muestras fotográficas, reuniones y exhibiciones.

Este año la pandemia del coronavirus y sus restricciones lo impidieron, pero el mundo virtual se llenó de todo tipo de expresiones de admiración y cariño hacia el deportista a través de cuentas particulares, portales, blogs y demás medios.

Senna sigue siendo recordado a la fecha como uno de los mejores pilotos en la historia del deporte y como uno de los grandes “monstruos” brasileños del volante, junto con Emerson Fittipaldi, Nelson Piquet Souto Maior, José Carlos “Moco” Pace, Rubens “Rubinho” Barrichello y Felipe Massa.

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