Lyft renuncia al automóvil autónomo

La empresa vendió su operación autónoma al Grupo Toyota.

Por: Julián Afonso Luis / @JAL69 (Twitter)

La empresa norteamericana de transporte Lyft, especializada en car sharing o “movilidad compartida”, anunció esta semana la venta de su división de conducción autónoma a la multinacional japonesa Toyota.

La operación será total e inmediata, lo que implica que Toyota controlará al 100% esta división y ello supone absorber una nómina de aproximadamente 330 empleados y recibir todo el conocimiento tecnológico que tiene Lyft en esta materia.

Toyota realizó la compra a través de su división Toyota Woven Planet, al pagar de manera inmediata US$ 200 millones y cerrar un acuerdo de pago por el resto en un plazo de cinco años. El monto total de la operación es de US$ 550 millones.

Lyft, creada en 2012, anunció en 2017 un ambicioso proyecto para desarrollar automóviles autónomos para uso en modalidad compartida y como taxi. El recaudo de inversión para el proyecto totalizó US$ 2.610 millones.

Según voceros de ambas empresas, el pago de Toyota Group a Lyft incluye la cesión total de las patentes industriales y tecnológicas tramitadas hasta la fecha para los proyectos actuales y futuros, así como prototipos, infraestructura y otros activos.

El acuerdo incluye la posibilidad de que Lyft pueda brindar asesoría a Toyota y que ambas empresas colaboren en otros proyectos de movilidad.

La movilidad autónoma no es un tema para independientes

En 2017, cuando Lyft anunció su proyecto autónomo, prometió que éste estaría disponible en el mercado en 2021, pero desde entonces surgieron algunos retrasos y los directivos de la empresa decidieron concentrarse en su unidad de negocio principal, que es el car sharing y les resulta muy rentable.

Entre los activos y bienes que recibirá Toyota Group al adquirir la división autónoma de Lyft se encuentra el proyecto Aptiv, que preveía incorporar tecnología de conducción autónoma a vehículos de producción en serie y el cual se puso en marcha en 2018, con apoyo de BMW, a través de la activación de una pequeña flota de taxis autónomos en el estado de Nevada (EE. UU).

La decisión de Lyft fue motivada por “el alto costo que tiene el desarrollo de tecnología autónoma”, comparado con la poca posibilidad de rentabilizar esa inversión a corto plazo a través de la actividad del car sharing o de recibir avales gubernamentales, según reportan en EE. UU.

En opinión de los especialistas, es difícil rentabilizar la inversión en este tipo de tecnología si no se puede hacer a través de la producción masiva de autos. En ese sentido, se considera que los vehículos autos autónomos deben ser diseñados para tal fin y no transformados a partir de un modelo estándar.

Otro factor que insidió en la decisión, es que las legislaciones en EE. UU y Europa en materia de seguridad limitan el desarrollo de las actividades de car sharing y renting a través de vehículos sin chofer. Las limitaciones se volvieron más exigentes desde finales de 2019, a causa de las restricciones impuestas por la pandemia global.

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