Diego Maradona pasó del Fiat a los Ferrari

Diego Armando Maradona, ídolo global del balompié, era un gran aficionado a los autos.

Por: Julián Afonso Luis / @JAL69 (Twitter)

Desde el fallecimiento del futbolista Diego Armando Maradona el pasado 25 de noviembre, se han hecho numerosos recordatorios de su brillante carrera deportiva y de su vida en general.  Entre ellos destaca el gusto del astro por los automóviles.

Diego Maradona tuvo muchos autos. Entre todos los testimonios debe hacerse un paralelismo entre su época como joven promesa del balompié y su etapa de superestrella global, asociándolo a los autos que le acompañaron.

El punto de partida automotor del argentino comenzó de manera muy sencilla. Un Fiat fue el primer auto que el astro compró nuevo de agencia, cuando su carrera internacional apenas iniciaba.

Diversos reportes en internet recuerdan cuando Maradona se quiso regalar a sí mismo en la víspera de la Navidad de 1982 una unidad 128 Europa, que formaba parte del portafolio de Fiat en Argentina y era uno de sus modelos más vendidos.

Fiat 128 Europa

El auto que Maradona adquirió el 24 de diciembre de 1982 era un sencillo sedán de cuatro puertas, de color beis. Su motor de cuatro cilindros desplazaba 1300 cc y entregaba 60 caballos, suficientes para acelerar hasta 100 km/h en unos 15” y alcanzar 142 km/h de velocidad máxima.

Al igual que las varias decenas de miles de unidades Fiat 128 Europa 1300 armadas por Fiat en Argentina, el sedán beige de Maradona ofreció a su dueño un desempeño tranquilo y fiable. Los relatos precisan que el ídolo lo adquirió antes de viajar a España, a cumplir su contrato con el Barcelona FC y que lo usó cotidianamente en su país hasta venderlo en 1984.

En 2003, el Fiat de Maradona fue encontrado en Salto, provincia de Buenos Aires, por el expiloto de carreras local Martín Varrone. Este, al constatar en los registros la identidad de su ilustre primer dueño, lo adquirió en muy mal estado y lo hizo restaurar meticulosamente para que quedara en condiciones totalmente originales.

Poco después de adquirir el Fiat, Maradona tuvo un segundo auto; obvio, más acorde con su estatus de estrella en ascenso; fue un Porsche 924, que el argentino adquirió usado y conservó por algún tiempo. Al igual que el Fiat, el 924 ha cambiado de dueño varias veces hasta ser subastado en 2010.

A diferencia del Fiat, el Porsche siempre fue bien cuidado y hoy es una valiosa pieza de colección.

Un argentino y un cavallino

Apenas tres años después de vender el Fiat y ya convertido en la estrella de la Copa Mundial México 1986, Maradona comenzó su idilio con la marca italiana Ferrari.

Tras su histórica actuación en México, Maradona se mudó a Italia, donde fue ficha del club Nápoles FC. Allí, al ver los deslumbrantes Ferrari Testarossa que tenían algunos de sus colegas, manifestó a Guillermo Coppola, su manager, adquirirle uno.

Coppola, además de hacer los contactos con la empresa Ferrari, tuvo que cumplir un segundo capricho de Maradona, quien no solo pedía un Testarossa, sino que lo quería en color negro con tapicería en cuero blanco. Los italianos complacieron la excepción, previo pago de un importante sobreprecio.

Poco después de recibir su Testarossa en 1987, Maradona supo que Ferrari estaba por lanzar un nuevo y especial modelo, el superauto F-40; el último Ferrari cuyo diseño, evolución y producción fueron supervisados directamente por el patriarca Enzo Ferrari.

Ferrari Testarossa

Al saber del F-40, Maradona pidió a Coppola comprar uno y el manager de nuevo se puso en acción. Tal como pasó con el Testarossa, Maradona exigió que su F-40 fuera negro. Para atender este nuevo capricho no bastó con pagar sobreprecio, hubo que recurrir a Enzo Ferrari en persona.

Según relató Coppola numerosas veces, el precio final del F-40 de Maradona fue de US$ 430.000, lo cual incluía los US$ 130.000 que Ferrari cobró adicional por pintarlo del color solicitado.

Aparentemente, Maradona protestó al saber el precio del auto, pero Coppola le respondió que no se preocupara porque era un costo que se podría rentabilizar.

La gestión hecha por Coppola ante Enzo Ferrari fue genial, pero el manager preparó una segunda movida igual de notable. Cuando Maradona viajó a Italia, se las ingenió para recibirlo al bajar del avión junto con el F-40 y el entonces Presidente del Nápoles FC, Corrado Ferlaino.

Mientras Coppola y Ferlaino esperaban al avión, el dirigente se interesó en el raro y espectacular F-40 negro. El manager convenció al directivo de que regalarle ese auto al argentino en nombre del club sería una rentable jugada publicitaria. Al preguntar cuánto tendría que pagar, Ferlaino recibió como respuesta “un millón de dólares”. Coppola, hábilmente, había doblado el precio del auto y añadió los US$130.000 que había costado pintarlo de negro.

Maradona, al bajar del avión, se mostró impresionado con el auto y Coppola le susurró que sería un obsequio del Nápoles FC. Cuando el argentino se sentó al volante, encontró que los acabados interiores eran mucho más sencillos que los del Testarossa.

Su manager le explicó que el F-40, por ser un modelo derivado de la competición, carecía de aire acondicionado, de acabados interiores y de equipo de sonido. Maradona habría respondido “¿Cómo? ¿No tiene radio? ¡Entonces que se lo metan por el c…!”.

Ferrari F-40

Luego que Maradona expresó su rechazo al F-40 por no estar equipado como él esperaba, Ferlaino y Coppola lo convencieron y acabó aceptando el regalo. Maradona le hizo instalar un equipo de sonido y otras amenidades, lo mantuvo en propiedad durante un tiempo y luego lo vendió.

Hacia 1995, Maradona volvió a sentirse atraído por los Ferrari al ver el novedoso F355 Spider. Tanto le gustó, que encargó dos. Estos sí fueron rojos.

Después de su idilio con Ferrari, Maradona tuvo otros muchos autos, de diferentes marcas y características, pero sus allegados coinciden en que su marca preferida en los últimos años era BMW, por su fiabilidad y comodidad interior. Tan es así que el último auto que Maradona adquirió y usó en Argentina fue un cupé BMW M4 de color negro, que costó unos US$100.000.

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