Los crash test extremos de Volvo

La empresa sueca deja caer sus autos desde las alturas para comprender mejor la fuerza de los impactos.

Por Julián Afonso Luis / @JAL69

Una reciente iniciativa de la marca Volvo muestra sus nuevos crash test extremos, donde el fabricante sueco emplea una grúa para levantar vehículos a más de 30 metros sobre de altura, para dejarlos caer, con fin de estudiar los daños causados por el impacto e identificar áreas de mejora en el desarrollo de estructuras unitarias más sólidas.

El objetivo central del crash test extremo de Volvo es evaluar cuánto tiempo tarda el personal de emergencia y el equipo de paramédicos en asistir y liberar a los pasajeros víctimas de un fuerte accidente vial, así como practicar las primeras rutinas de asistencia y trasladarlos al hospital.

La dinámica de los accidentes controlados busca reproducir con la mayor fidelidad posible las condiciones en las que queda un vehículo tras recibir un violento impacto lateral, luego de caer de gran altura (como un puente o de una pendiente), al recibir un impacto frontal o al colisionar contra un cuerpo sólido.

Voceros de Volvo Cars precisaron que antes de simular el accidente los ingenieros calcularon exactamente la cantidad de presión y fuerzas de impacto que querían simular, así como el nivel de daño que deseaban reproducir, para que se asemejara lo más posible a la realidad.

Se usan vehículos nuevos

El programa de seguridad extrema de Volvo Cars usa solo vehículos nuevos, retirados al azar de las líneas de producción. El esfuerzo más reciente involucró el uso de diez unidades, perteneciente a los modelos que conforman el actual portafolio comercial de la marca, de tipo sedán, station wagon y SUV.

Para desarrollar sus simulacros, Volvo solicitó ayuda de las autoridades de tránsito y asistencia en emergencia de Suecia, con el fin de realizar las labores de rescate bajo los procedimientos homologados para estos casos, y empleando las herramientas tradicionales asignadas a tales tareas.

Durante los simulacros, los ingenieros de Volvo pidieron a los paramédicos y el personal de emergencia practicar sus rutinas de manera normal, tomando nota sobre el modo en que el metal que conforma la estructura del auto se pliega al recibir un impacto, qué tan fácil es romper las puertas para abrirlas luego del choque y en qué forma se pueden liberar los cinturones de seguridad y los airbags de manera rápida y sin que causen daños a los ocupantes. Los datos recogidos permitirán mejorar el diseño estructural de los futuros Volvo.

Los crash test extremos valoraron situaciones especiales, como derrames de combustibles, lubricantes y líquidos. También se evaluó el riesgo de combustión y se sometieron a prueba las capacidades que tienen las tapicerías y acabados internos de los vehículos para retardar el fuego y no generar exceso de gases tóxicos en caso de combustión.

Volvo Cars no divulgó mayor información sobre las características y especificaciones de los vehículos empleados en las pruebas; sin embargo, algunos medios locales sugirieron que al menos una de tales unidades tenía tren de mando híbrido y otra sería totalmente eléctrica.

Compromiso histórico con la seguridad pasiva

Las pruebas de impacto en caída libre no son nuevas en la industria del automóvil y se remontan a los años 30, cuando diversos fabricantes evaluaban la conformidad estructural de sus autos dejándolos caer desde construcciones.   En 1931 la empresa Chrysler Corporation llamó la atención al presentar su revolucionario modelo Airflow, divulgando imágenes que mostraban uno de tales autos cayendo desde una colina a unos 25 metros de altura.

Volvo también realizó crash test extremos, pero durante las décadas de los 70 y 80 la industria dejó de desarrollarlos por razones de costos, mientras que en otras ocasiones se recurría a vehículos usados o recogidos en desguaces, cuyos sistemas de seguridad, conformidad estructural y estructuras de deformación controladas no siempre correspondían con un vehículo nuevo.

La marca resalta la importancia de estos ensayos, al reproducir lo más fielmente posible las características reales y hace hincapié en que los vehículos no fueron sometidos a ningún tipo de preparación previa.  “Pueden considerarse unidades de uso normal, en condiciones de marcha, incluyendo niveles de combustible y fluidos”, señala. En los crash test extremos se usaron muñecos de tipo “dummy” para valorar el daño físico que puedan recibir los pasajeros.

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